Cuando hay testigos de la disputa, el ego crece, el orgullo se hincha (se escucha feo pero es cierto xD) y lo que se persigue no es la solución de un problema determinado sino demostrar ante los espectadores quién es más fuerte y dominante.
La regla número uno para pelear es ésta: "SI EL PROBLEMA ES ENTRE TÚ Y YO LO ARREGLAREMOS TÚ Y YO; QUEDA PROHIBIDO HACER PARTÍCIPES A OTROS, O DISCUTIR EN PRESENCIA DE ALGUIEN MÁS"
Cuando sabemos que hay un fisgón (el metiche como siempre xD) escuchando detrás de la puerta o, inclusive, que otra persona nos preguntará al día siguiente cómo termino la riña, no podremos quitarnos la máscara del orgullo.
Un testigo físico o mental nos motivará, sin darnos cuenta, a tratar de mantener cierta imagen, y eso bloqueará la sencillez y la humildad indispensables para llegar a un acuerdo con quien realmente importa...
Algunos psicólogos aseguran que los tres principales factores de desintegración conyugal son el alcohol, la infidelidad y la intervención de los familiares políticos.
Segunda regla para pelear: "EL CARIÑO Y LA LEALTAD SON CONCEPTOS NO NEGOCIABLES, POR TANTO, QUEDA PROHIBIDO PROFERIR AMENAZAS TERMINALES".
En las relaciones humanas duraderas siempre hay algo intocable que jamás entra en la mesa de discusión: EL CARIIÑO.
La pareja podrá negociar cualquier cosa, discutir para resolver sus diferencias, pero siempre protegiendo, bajo una campana de acero blindado, el concepto de su amor; así, no se perjudicará con los resultdos.
Amenazas como: "SI NO CAMBIAS ME LARGO" o "TE ADVIERTO QUE SI NO ACCEDES NOS DIVORCIAREMOS" o "LO QUE DIJISTE ACABA DE MATAR MI CARIÑO POR TI", ocasionan que una discusión insignificante se torne peligrosamente terminal.
Tercera regla: "QUEDA PROHIBIDO TENER ACTITUDES EXTREMAS. SI LA PERSONA PIERDE EL CONTROL, DEBERÁ ALEJARSE, PERO NUNCA REALIZAR ESCENAS QUE LA HAGAN POCO CONFIABLE PARA SIEMPRE".
Cuando a Einsten le preguntaron si existía alguna arma para combatir la mortífera bomba atómica, él contestó que había una muy poderosa e infalible: LA PAZ.
Todos los seres humanos poseemos un arsenal de alto calibre que por ningún debe usarse con nuestros seres queridos. Esas armas son: Golpear, Insultar, Romper cosas, Maldecir, Injuriar a los familiares del otro, Azotar puertas, Empujar, Arrojar objetos, Irse de la casa, Emborracharse, Cometer adulterio, etcétera.
Los recursos extremos hieren y hacen perder la visión de lo que se discute. Las partes se concentran en devolver sus dardos con el único fin de lastimar al contrincante. Esto, funciona como un veneno que daña la relación para siempre pues, aunque posteriormente las personas se reconcilien, quien fue agredido con armamento pesado ya no podrá tener total confianza en el otro. Siempre existirá el temor de un desacuerdo futuro y la sospecha de que su compañero reaccione de la mirma forma.
Cuarta regla: "SE DEBE DISCUTIR UNA SOLA COSA A LA VEZ".
Al enfadarse, se pondrá sobre la mesa de combate sólo el asunto que haya causado la emoción negativa. Cuando no se sabe pelear es muy común comenzar reclamando un tema "A" y terminar disputando uno "Z" totalmente diferente, después de haber pasado por veintisiete inicios, todos ellos sin relación unos hirientes, otros incoherentes, otros añejos, pero todos esgrimidos para lesionar al contrincante con mil pamemas y hacerlo sentir culpable de cuanto pasa entre ellos.
Una discusión así no tiene pies ni cabeza; el asunto inicial se complica y deforma al grado de que la pareja se siente furiosa y el pleito no tiene solución.
Al discutir no deben traerse a colación asuntos pertenecientes al pasado. Hacer eso es como meter el dedo en heritas viejas. Para no caer en este error común, se plantea la quinta y última regla: "PROHIBIDO QUEDARSE CON CUENTAS PENDIENTES; SI ALGO NO ES LO SUFICIENTEMENTE GRAVE PARA DISCUTIRSE EN EL MOMENTO, DEBERÁ TOLERARSE EN EL FUTURO..."
Hay mucha sabiduría en la actitudd de algunos padres que no provocan pleitos terribles por que su hijo se vista un poco raro, o en la de las mujeres no fumadoras que permiten fumar a sus maridos, o en el del varón que deja trabajar a su esposa, aunque prefiriese que se dedicara de lleno al hogar, o en la de las mujeres que permiten a sus esposos invitar eventualmente amigos a cenar.
Es sabiduría porque disciernen que obligar a cambiar a sus seres queridos en actitudes poco importantes, ameritaría un altísimo grado de coerción. Por supuesto, si el asunto es grave se debe hablar claro, pero si no lo es, basta con decirle al compañero lo que nos molesta y dejar bien establecido que, por el amor que le tenemos, estamos dispuestos a tolerarlo. Esa es la mejor estrategia para que un familiar cambie: basarse en la premisa de que, aunque no cambie lo seguiremos amando ♥. Al percibir esa actitud él, a su vez, tarde o temprano también deseará darnos gusto.